La economía de compartir: diseño de oficinas ‘coworking’

Las nociones del espacio están evolucionando. Se refleja en organizaciones que experimentan nuevos usos a sus ambientes poco explotados. Por ejemplo, las azoteas de grandes edificios, como centros comerciales, han empezado a emplearse para capturar energía solar.

El caso más concreto: la plataforma Airbnb. Unidades de vivienda inhabitadas generan ingresos a sus dueños por su alquiler. Con esta reflexión, Lidija Grozdanic, periodista especializada en arquitectura, reflexiona sobre la transformación del espacio en un servicio. “La economía de compartir está redefiniendo el espacio como un sector muy lucrativo”, sostiene en un artículo de Archipreneur. De este modo se explica la reciente proliferación de los servicios de trabajo colectivo, más conocidos como coworkings.

“Están brotando en grandes ciudades, los propietarios se enfocan en un número creciente de personas que trabajan desde casa o sin una oficina”, explica la autora. En gran medida, esta corriente sigue las necesidades de los mileniales. Ellos quieren trabajar en una comunidad de ideas afines, en un lugar “divertido y social” y con horarios flexibles.

El coworking despunta como opción para emprendedores

Ciertamente, conseguir la infraestructura para poner en marcha una firma suena desalentador para pequeños empresarios (mileniales o no). Por lo general se encuentran con contratos a largo plazo, poco idóneo para esas jóvenes empresas o autónomos. De ahí el éxito del coworking: provee los recursos de una oficina para trabajar por horas o meses.

Requerimientos

Aunque se proyecta de forma similar que una oficina tradicional (escritorios, sillas, internet), hay marcadas diferencias. Así lo ilustra el ingeniero civil Amir Amat, gerente de proyectos de Amat Estudio, que acaba de presentar el coworking Amautha Hub en La vista de San Eduardo (avenida del Bombero Km 6,5).

Los coworkings son una tendencia en alza

Como todo proyecto, arranca con un concepto inicial. “Definir con el propietario qué espera del lugar: cantidad de personas, grupo objetivo, categorías de servicios y membresías”, dice Amat. Se traza la distribución más óptima, concentrándose en elementos divisorios que propicien organización e interacción (paneles, plantas o mamparas). “Tienes varios grupos de personas trabajando, uno al lado del otro, que podrían terminar siendo competencia entre sí”, señala Amat. “El diseño debe cuidar que no se sientan vulnerados”.

“También se trabaja con la línea gráfica del propietario del coworking”, agrega Marjorie Seminario, comunicadora de diseño y espacios de Amat Estudio. La paleta de colores de la marca (su imagen corporativa) se refleja en las paredes, en especial en la recepción, el punto más importante.

Múltiples zonas comunes es otro distintivo. Por regla, cuenta con cafetería, sala hermética de reuniones y de descanso, con un diseño lúdico. Todo esto, con una propuesta de mobiliario funcional para cada necesidad. Asimismo, todo cotrabajo brinda servicios adicionales que lo diferencia de otros colectivos, es su valor agregado. En el caso de Amautha Hub, además de ofrecer un área de 150 metros cuadrados repartidos en 28 espacios compartidos (plan básico) y 12 estaciones de trabajo con cajones, se perfila como una plataforma de crowfunding (financiación colectiva) e incubadora de negocios.

Visión sustentable

En Guayaquil hay al menos otros diez entornos de trabajo de este tipo. La mayoría se concentran en Urdesa: Buró 215; NM Coworking, que prepara ferias de emprendedores; Comadres, enfocado a mujeres empresarias (la socias acceden a una guardería y ferias de sus emprendimientos); Workshop Coworking, que celebra talleres prácticos y el show Music at the Patio (abiertos al público).

Co-madres: Trabajo en comunidad

Otros, en cambio, se benefician de la estrategia de ubicarse dentro o cercano a centro de negocios, como Innobis Coworking, en el edificio Trade Building; Panal Coworking, con dos sedes, en Del Portal (Samborondón) y Sky Building (sector del aeropuerto JJO); Plataforma Coworking, en Torres del Norte; One Coworking, en Plaza Center (Kennedy Norte); AsertivaLab Coworking, en La Garzota (su fuerte es el alquiler de salas de capacitación); Artmosfera Coworking, en la av. Juan Tanca Marengo; y Regus, en Torres del Mall del Sol.

El ingeniero Amat valora el potencial de este negocio. “Toda persona que necesite recibir clientes y orquestar reuniones, pero que no cuentan con el espacio físico para hacerlo, así como poder pagar servicios básicos, buscará un coworking”, opina. Son los emprendedores con enfoque de servicios, como nutricionistas, deportólogos, publicistas, pequeños consultores legales, coaches.

Marjorie Seminario y Amir Amat, socios de Amat Estudio

Es una inversión de ambos frentes. “Por un lado, como dueño, mantengo un lugar bonito, donde trato de cautivar al mayor número de clientes. Yo gano, porque tengo muchas personas rotando el coworking; y los clientes ganan, porque trabajan con horarios suaves y reciben todos los beneficios de una oficina”.

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