Las oficinas del tercer milenio

El mundo del trabajo ha cambiado drásticamente a lo largo de la historia, pasando no solo por diferentes modos de producción sino también por distintos entornos y espacios laborales. Hoy en día (y de la mano de las nuevas tecnologías y herramientas móviles), el rol del trabajador también está modificado respecto al siglo pasado: el empleado del tercer milenio se maneja de forma más dinámica y menos estructurada y necesita tener oportunidades donde pueda expresar y crear ideas interactuando con los demás para rendir más y mejor.

Siguiendo estas líneas, una nueva modalidad de funcionamiento laboral que empieza a hacerse tendencia es el Living Office. Junto a su primo hermano, el coworking, este funcionamiento implica que la oficina deja de ser simplemente un espacio físico de trabajo sin interrupciones, sino que se convierte en un ambiente eficiente de interacción donde se potencia la productividad de los empleados gracias a la comodidad y la escucha.

En la década de los 60, se comenzó a investigar el funcionamiento del mundo laboral. Los resultados pintaron un panorama poco favorable: las oficinas de aquel tiempo frustraban los logros, comprometían el talento y reducían la vitalidad de los trabajadores. Ante esto, el director de la compañia, Robert Propst, presentó en 1968 el sistema Action Office, el primer sistema de oficina abierta de todo el mundo. Action Office buscaba propiciar un espacio de trabajo que reflejara fielmente el modo de trabajo de las personas, donde los componentes se pudieran reajustar, recombinar y fueran lo suficientemente flexibles como para que la oficina se transformara según lo que el tiempo demandara.

Años más tarde, tras otro período de investigación profunda, Herman Miller reconceptualizó esta idea como Living Office. Se trata de un método que ofrece distintos mobiliarios y configuraciones para oficinas, completamente personalizables, donde la cultura y la organización de cada empresa se exprese libremente.

Una oficina más humana y productiva

Herman Miller define al Living Office como “un lugar de trabajo de alta productividad que brinda a las personas una experiencia de trabajo sublime y ayuda a las organizaciones a alcanzar sus metas estratégicas”. En otras palabras, se busca que los empleados trabajen en un espacio que provea el máximo bienestar posible a través de ciertas características especiales de la oficina para mejorar la productividad y el funcionamiento de toda la empresa en general.

Según sus investigaciones, la compañía estableció que existen, en general, 10 espacios de trabajo y 10 actividades comunes a cualquier oficina del mundo. Estos ambientes poseen, cada uno, una característica espacial y un mobiliario específico; y además, se pueden disponer en la oficina de la forma que mejor beneficie a la organización y dinámicas de la compañía, como si fuera una ciudad.

De esta forma, las clásicas “workstations” de las oficinas estandarizadas se dejan de lado y se establecen los “workpoints”, puntos de encuentro donde el intercambio se vuelve más humano y natural, y la creatividad, la productividad y la conexión fluyen mucho más. Las lógicas rígidas, individualistas y mecánicas no tienen sentido en el Living Office; por el contrario, los espacios laborales deben configurarse de manera más orgánica, con propósitos verdaderos y capacidad de transformación a lo largo del tiempo. Se trata, a fin de cuentas, de que los empleados no se vean obligados a trabajar mejor, si no que quieran verdaderamente hacerlo.

Las nuevas disposiciones de la oficina vienen también con nuevas distribuciones y materialidades: paredes de cristal para disminuir la distancia propia de los cubículos de las oficinas tradicionales, muebles funcionales y cómodos (como las sillas adaptadas a la correcta postura del cuerpo humano y su columna), jardines, comedores y cocinas acogedores… Estos muebles y disposiciones ayudan a la generación de encuentros e intercambios y además permiten que el empleado elija dónde quiere trabajar, empoderándolo y motivándolo mucho más para un mayor rendimiento.

Esta tendencia arquitectónica se está adentrando lentamente en las oficinas de Santa Cruz, principalmente relacionada a los edificios de vanguardia que aparecen cada vez más en las zonas empresariales de la ciudad.

Un ejemplo de esto es Equipetrol –específicamente Equipetrol Norte-, un área financiera en pleno auge ejecutivo y comercial que se alinea de a poco a esta tendencia incluso hasta en proyectos residenciales. Por ejemplo, Nano de Smart Studio es una edificación en construcción que ofrece una torre hipermoderna donde, además de una piscina iluminada con tecnología LED y WiFi libre en todos los pisos, habrá espacios comunes para oficinas cómodas de última moda.

Torres Platinum es otro proyecto en esta zona activa de Santa Cruz. Se encuentra en Calle Dr. Jaime Román y Cuarto Anillo, y se trata de complejos de apartamentos de primer nivel, locales comerciales y áreas comunes y oficinas especialmente diseñadas para propiciar los intercambios humanos, una mayor eficiencia de los empleados y el trabajo en equipo.

Las oficinas de Bolivia se van adaptando cada vez más a estas tendencias que impulsan una nueva forma de generar productividad y no hay duda de que seguirán apareciendo más innovaciones tanto en Santa Cruz, como en Cochabamba, La Paz y muchas más ciudades del país.

Comments are closed.