Sillas de oficina: seis consejos para no sufrir dolores de espalda

Teniendo en cuenta que pasas casi un tercio de tu vida sentado en ellas, quizá sea hora de que empieces a considerar las sillas de oficina como uno de los puntales de tu salud durante las largas jornadas laborales. Una buena silla, bien escogida, es una inversión fundamental en tu calidad de vida futura. Según los datos que recogió en 2007 la Quinta Encuesta Europea de condiciones de Trabajo, realizada por la Agencia Europea para la Salud y la Seguridad en el Trabajo, más de la tercera parte de los trabajadores sufre dolores de espalda, y este es el problema de salud que más costes supone para ellos, así como la segunda causa de visita al médico y el tercer motivo de cirugía.

La encuesta dejaba claro que una vez producida una lesión de espalda, el riesgo de reincidencia se disparaba y aumentaba la importancia de las condiciones de trabajo para evitar que el mal se cronificara. Es decir, que una vez hecho el daño, difícilmente hay vuelta atrás. Es por ello que es fundamental saber escoger una buena silla, como las que podemos encontrar en Oficinas Montiel.

Otro estudio del diseñador de material de oficina Herman Miller Group aseguraba en 2007 que en torno al 85% de los empleados de oficinas experimentan complicaciones de espalda a partir de los 50 años, especialmente en la región lumbar. El estudio destacaba también que la ergonomía de una buena silla también influye en el menor desgaste de las articulaciones y una mejor circulación sanguínea, que previene a la postre enfermedades cardiovasculares.

El 85% de los trabajadores de oficinas experimentan complicaciones de espalda a partir de los 50 años. HERMAN MILLER

Así que sí: elegir bien tu silla de oficina es básico para tu salud, presente y futura; es una elección donde te la juegas y por lo tanto te ofrecemos siete consejos para no equivocarte.

1. El asiento siempre con altura regulable

Si el suelo de la silla es extensible en vertical, podremos fijar la posición de nuestro torso respecto a la mesa de trabajo. De otro modo, si la silla quedase demasiado baja, sufriríamos tensiones en nuestra zona lumbar. Por el contrario, si fuera demasiado alta, forzaríamos las vértebras y músculos de la parte dorsal y el trapecio. El resultado serían dolores y contracturas y a la larga protusiones y quien sabe si subluxaciones. Al ser regulable, buscaremos la altura exacta en que nuestro torso se armoniza con la mesa.

El asiento también debe permitirnos modificar su colocación respecto al respaldo para que nuestro abdomen no se vea comprimido. De este modo evitaremos tenernos que desabrochar el cinturón, para evitar problemas digestivos y circulatorios que pudieran contribuir a futuras trombosis si somos personas propensas.

En cuanto al tamaño, la superficie del asiento debe ser lo suficientemente ancha como para que podamos sentarnos holgadamente en la parte central. Además, el frente del asiento debe estar ligeramente reclinado hacia abajo para que no nos oprima la parte posterior de las rodillas ni dificulte la circulación de las extremidades inferiores.

2. Mucha atención al respaldo

Es una de las partes más importantes de la silla. Su misión es ajustarse a la espalda y ofrecer una descarga de tensiones de la zona lumbar, de modo que está no se encuentre presionada. Es aconsejable que sea flexible en inclinación y que además la silla ofrezca la posibilidad de establecer una mayor o menor firmeza del respaldo.

Por ejemplo, los respaldos vasculantes son buenos para jornadas que no excedan las cinco horas, pero si solemos exceder esta cuota de tiempo, mejor optar por sillas sincronizadas, en las que el respaldo vascula al tiempo que el asiento se desliza adelante o atrás, es decir como una sola pieza. De este modo nunca nos encontramos en posturas de compresión de la columna ni el abdomen.

Igualmente, es muy recomendable que el respaldo tenga longitud suficiente como para poder cubrir la mayor parte sino la totalidad de la espalda. Algunos modelos incluyen un reposacabezas en la parte superior, cosa que ayuda a descansar las vértebras de la zona dorsal y evita excesivas torsiones.

3. Apoyabrazos cómodos

La misión de los apoyabrazos es que podamos mantener una postura cómoda, con los brazos formando un ángulo de 90º mientras escribimos en el ordenador. Adicionalmente nos deben ser útiles como apoyo en los codos y los antebrazos. También son útiles para facilitar que nos levantemos de la silla; en consecuencia deben ser lo suficientemente resistentes para soportar nuestro peso.

Además, es aconsejable optar por modelos que nos permitan variar la altura y posición de los apoyabrazos, y si puede ser que nos dejen regular su separación con el asiento para evitar que nos puedan oprimirlas caderas o impedir que podamos colocarnos cerca de la mesa.

4. La base con ruedas

Las ruedas en la base permiten una mayor comodidad para cambiar de postura. Algunos modelos dejan colocar distintos tipos de ruedas con varios niveles de dureza, ideales para adaptar la silla a moqueta, parqué, gres, etc. Adicionalmente, la base debe tener cinco puntos de apoyo.

5. Fijémonos en el tapizado

Las sillas tapizadas, por lo general, cuentan con un acolchado interior mullido, por lo que su cómodas es bastante superior a las que no lo son. Otro detalle importante es que transmiten sensación de calidez y acogimiento frente a un asiento y respaldo en madera u otro material. Asimismo, poseen un tacto agradable y estéticamente permiten más posibilidades.

6. Mejor con reposapiés

Aunque no es un elemento que normalmente forme parte de la silla, no está de más, ya que puede ayudarnos a adoptar la postura correcta. Debe estar realizado en materiales antideslizantes que permitan la sujeción de los pies y a la vez su fijación en el suelo.

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