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Las medidas para evitar contagios de coronavirus COVID-19 han impulsado la implementación del home office. Por lo que se preguntó la manera en la que los trabajadores han realizado el teletrabajo.

La mayoría de las personas que respondieron la encuesta fueron personas de entre 25 y 54 años (73%), que trabajan desde sus hogares en la Ciudad de México Estado de México y Guadalajara, principalmente.

Los resultados revelaron que 62% de quienes hacen home office cuentan con un lugar designado específicamente para trabajar. En tanto que 38%, dijo no tenerlo, 60% labora desde el comedor, 16% en su recámara, 19% en la sala y 45 hace teletrabajo en su cama.

Mientras que las herramientas que consideran necesarias para trabajar remoto, contestó 85% internet de alta velocidad, 86% computadora, 80% celular, 53% escritorio, 43% programas de videollamadas, 38% impresora y 18% tableta.

La empresa de venta y renta de inmuebles también preguntó por la manera de organizar el tiempo mientras laboran desde sus hogares. Los encuestados respondieron que 53% logró balancear su rutina laboral con la casera, sin distraerse, 30% dijo que se concentran sin ningún problema y 15% consideró difícil no distraerse.

Trabajadores también contestaron que trabajan las mismas horas que cuando están en la oficina (58%), que trabaja más horas porque está conectado más tiempo (26%) y se ocupan más de labores del hogar (16%).

Con base en esta experiencia, 57% de las personas respondieron que su próxima vivienda la buscarían con un espacio exclusivo para trabajo, 36% dijo que no sería fundamental para elegir un inmueble y 8% contestó que no lo tomaría en cuenta.

Cómo conseguir oficinas más seguras frente al coronavirus ...

Lo peor de la pandemia provocada por el coronavirus parece haber pasado. Una muestra de ello es la reapertura de miles de empresas y establecimientos comerciales durante las últimas semanas. Pero, tal como insisten los expertos y las autoridades sanitarias, toda precaución es poca a la hora de evitar nuevas transmisiones.

Esto significa que las empresas tendrán que adaptar sus espacios y elementos para evitar cualquier riesgo. La cuestión es cómo hacerlo. Como recoge la guía Ocho claves para abrir más tranquilos, elaborada por el Ministerio de Ciencia e Innovación, se debe partir de tres premisas.

Primero, que cada negocio debe conocer y cumplir las normas específicas de su sector, recurriendo si es necesario a los expertos en Prevención de Riesgos Laborales, patronales y asociaciones específicas de su sector.

Segundo, que todavía no es posible hablar, como han hecho algunos negocios a modo de reclamo publicitario, de espacios libres de virus, puesto que el riesgo de transmisión sigue existiendo.

Y tercero, que todos los días se aprende algo nuevo sobre la COVID-19, por lo que es esencial estar al tanto de todas las novedades sobre el virus y aplicarlas, en caso de que sea necesario, a oficinas, empresas y a la vida en general.

Adaptar la oficina, clave para proteger a la plantilla

Aunque reactivar las empresas y la economía es importante, más aún lo es garantizar la seguridad de los empleados que harán posible ese nuevo arranque. La plantilla, ahora más que nunca, es parte esencial de la empresa, y así deben percibirlo en todo el proceso de adaptación.

Tanto en lo personal -ofreciéndoles más responsabilidad y haciéndoles sentir parte activa de las nuevas medidas de seguridad; como en lo material, disponiendo del equipamiento y los materiales necesarios para protegerlos.

En el centro de todas las recomendaciones para evitar la transmisión -además de garantizar mascarillas, solución hidroalcohólica y otros EPI– está la distancia de seguridad de al menos dos metros entre las personas.

Si las limitaciones del espacio en la oficina lo impiden, se puede recurrir a mamparas y separadores físicos entre puestos de trabajo. Se trata, de hecho, uno de los elementos más visibles de las oficinas y establecimientos comerciales pos-COVID. En un primer momento pueden intimidar, pero se está avanzando en la fabricación de modelos cada vez más amigables.

Las mamparas y separadores físicos entre puestos de trabajo son uno de los elementos más visibles de las oficinas y establecimientos comerciales pos-COVID.

“El cambio ha sido inesperado”, explica a Compromiso Empresarial Soledat Berbegal, consejera de Actiu, empresa dedicada a la fabricación de muebles de oficina y al diseño de espacios de trabajo.

Si en los últimos años el diseño de oficinas ha buscado “fomentar la eficiencia y el bienestar a través de espacios de trabajo donde la gente puede compartir sus ideas” a través de una comunicación fluida y cercana, el reto actual es adaptar esta filosofía a la nueva exigencia de distanciamiento social.

“El objetivo es garantizar la seguridad, pero ofreciendo herramientas para que esa interacción pueda mantenerse”, señala Berbegal, para quien el diseño de las nuevas oficinas debe tener en cuenta “mamparas que permitan interactuar, redistribución de mobiliario para generar nuevos flujos y el uso de salas de reuniones o espacios de socialización respetando las medidas de distancia, reduciendo la densidad y empleando soluciones de equipamiento polivalente, entre otros aspectos”.

La clave, además, es apostar por la flexibilidad, ya que la situación puede cambiar y es necesario que los espacios de trabajo sean “adaptables con el mínimo esfuerzo e inversión posibles”.

Para hacer más fácil esta transformación y ayudar a empresas que, como ellos, han tenido que adaptarse en muy poco tiempo, desde Actiu han editado una guía, Cómo adaptar un espacio de trabajo ante el COVID-19, en base a las normas dictadas por las autoridades competentes y a su experiencia en el equipamiento de oficinas.

En todo este proceso, además, es fundamental un trabajo previo de análisis de conductas y hábitos de los empleados y clientes: cómo y por dónde se mueven y qué elementos del entorno utilizan, para imaginar cuál sería el hipotético rastro del virus.

Una información básica para desarrollar una muy necesaria señalética que marque puntos de entrada y salida, distancias de seguridad, puntos de espera, aforos de salas de reuniones y otros espacios, e incluso la circulación correcta por las instalaciones de la empresa.

Controles de entrada

Aunque lo ideal sería seguir apostando por el teletrabajo y la digitalización mientras el virus siga presente, en los casos en los que esto no sea posible no se deben escatimar esfuerzos en comprobar el cumplimiento estricto de las medidas de seguridad.

Un primer paso es asegurarse de que la plantilla es capaz de detectar posibles síntomas de COVID-19 y, en caso de presentarlos ellos mismos, no acudir a la oficina.

No obstante, para reforzar esta comprobación, se están desarrollando e implantando tecnologías capaces de detectar, de forma rápida y masiva, posibles contagios. Como es el caso de las herramientas para medir la temperatura de empleados y de clientes.

Para Javier Hormías, head of Professional Services en Fujitsu, “en edificios con una gran concentración de gente, el detector de temperatura sin contacto se vuelve una herramienta imprescindible”, tanto en empresas como en aeropuertos, estaciones de tren, centros comerciales, deportivos, de justicia o de la Administración pública.

Esta compañía ha desarrollado, precisamente, una tecnología que incorpora cámaras de control facial que miden la temperatura con un escaso margen de error, con un rango de lectura de 2 a 6 metros. Puede llegar a controlar la temperatura de entre 180 y 360 personas por minuto, además de ofrecer la analítica de datos en tiempo real y el procesamiento de imágenes por medio de la inteligencia artificial para ayudar en la toma de decisiones.

Incluso puede incorporar de forma automática alarmas sonoras mediante altavoces y analizar que se respeta la distancia de seguridad.

Hormías recuerda también que, como parte de sus esfuerzos continuos para mitigar los impactos sociales y económicos de la pandemia, la multinacional Fujitsu se ha comprometido con la iniciativa Open COVID Pledge a ofrecer el libre acceso de los derechos de sus patentes, modelos de utilidad o diseños a las actividades destinadas a poner fin a la propagación mundial de la enfermedad en el mundo.

En el estricto control del acceso a la oficina también insisten desde B+Safe, filial española del Grupo Almas Industries dedicada a las tecnologías de la salud y la seguridad para las empresas.

Como nos explica su CEO, Nuño Azcona, entre sus soluciones de seguridad y control se encuentran, entre otras, “la biometría contact-less ya sea por reconocimiento facial o venosa, que permite los accesos a la oficina sin contacto”, además de soluciones para la medición de temperatura como son las “cámaras termográficas fijas y portátiles; lectores de reconocimiento facial (con o sin mascarilla), y soluciones de control de afluencia y aforo, para evitar aglomeraciones y mantener la distancia social”.

La compañía ha desarrollado además otras herramientas como la tecnología de fichaje a distancia vía web o app, para una mejor gestión del teletrabajo; o desfibriladores conectados para atender necesidades cardíacas derivadas de las secuelas del coronavirus, “más necesarios que nunca”.

Más higiene y menos contacto

La transmisión del virus puede ser por contacto directo -una persona que toca a otra- o indirecto -la persona toca una superficie u objeto que previamente ha tocado otra. Teniendo esto en cuenta, las empresas deben reducir también el contacto con superficies, muebles y elementos como los pomos de las puertas, la identificación por huellas dactilares o los ascensores, entre muchos otros.

Además de soluciones más sencillas como las protecciones de un solo uso en estos elementos o la limitación del uso de espacios de alto contacto como ascensores y baños, resulta muy útil la apuesta por la domótica o, lo que es lo mismo, las técnicas para automatizar procesos sencillos sin necesidad de contacto.

Tecnologías que van desde el control de otros dispositivos a través del móvil o de herramientas como Alexa de Amazon -que permite el control por voz-; pasando por sensores y detectores de presencia que controlan la luz, la climatización y hasta la humedad; hasta tecnologías más futuristas como el eyetracking, que permite interactuar con el entorno a través del seguimiento ocular.

Precisamente en este último campo lleva la delantera la compañía vasca Irisbond, que cuenta con el primer software de eyetracking de fabricación y desarrollo completamente español.

Su tecnología consiste en cámaras capaces de rastrear la mirada de los usuarios y el movimiento circular ocular para detectar dónde se fija la vista y qué es lo que se quiere hacer.

Así, cada vez está más cerca la posibilidad de abrir y cerrar puertas, accionar interruptores y controlar dispositivos electrónicos y otros elementos de la oficina con la mirada.

Soluciones que, aunque todavía quedan lejos, ya se están poniendo en marcha, tanto para evitar la propagación de la pandemia, como para facilitar la inclusión a personas con movilidad reducida.

A la reducción del contacto entre personas y con objetos se suma un esfuerzo extra en higiene y desinfección. Además de las medidas esenciales -limpieza mediante lejías y otros productos recomendados, así como la correcta ventilación de los espacios y gestión de residuos-, han aparecido soluciones, cuanto menos, curiosas.

Como la de la empresa española Sewertronics, que ha diseñado un robot capaz de desinfectar el aire y las superficies en cuestión de minutos gracias a una potente fuente de luz ultravioleta.

Una energía limpia e inocua que inactiva los patógenos produciendo reacciones foto-químicas que interrumpen la capacidad de los microorganismos de infectar y reproducirse, evitando el uso de aerosoles, máquinas de ozono y otros productos potencialmente peligrosos y corrosivos.

Una propuesta similar a la del robot ZenZoe, desarrollado por las castellanoleonesas ASTI Mobile Robotics y BOOS Technical Lighting, y que desactiva la carga vírica en un alto porcentaje.

En definitiva, imaginación, tecnología y responsabilidad colectiva para garantizar la seguridad de propios y ajenos.

No cabe duda que la cocina es un espacio consentido en el hogar y los números lo afirman: en promedio pasamos dos años y medio cocinando y casi cuatro años comiendo.

Debido a su importancia, la arquitecta María José Uriarte de inmobiliaria Exxacon detalla las nuevas tendencias 2020 que buscan conjugar lo utilitario con la modernidad.

Cocinas suspendidas

Entre las opciones con toque ultramoderno están las llamadas “cocinas suspendidas”, es decir, los muebles quedan colgados a la pared usando un sistema especial para que soporte el peso. Dan mayor sensación de orden, amplitud y limpieza.

Colores vinculados a un concepto

El diseño de cocinas en departamentos hoy no teme explorar con la paleta de colores y se eligen de acuerdo al concepto que quiere expresar el edificio.

De vuelta al mármol

Este material destaca independiente del tipo de diseño de la cocina, es resistente, no pierde su forma y son infinitas sus combinaciones. Las encimeras de mármol en colores naturales son las que se imponen este 2020, particularmente blancas.

Cocinas abiertas con isla y península

Las cocinas abiertas seguirán marcando la tendencia, incluso en los departamentos grandes y con acabados de lujo. Pero hay lugar para algunas variantes; por ejemplo, la isla es un grupo de muebles que tiene acceso por los cuatro lados. Mientras tanto, la península es un grupo de muebles que tiene acceso por tres costados. ¿Cuál es la mejor opción? Depende de las necesidades y el tipo de trabajo que se haga en la cocina.

Lavaplatos cerámicos

Las cocinas de hoy buscan dar un mayor acento a los colores, evitando que lo metálico acapare todo el espacio. Incluso los lavaplatos y griferías han experimentado este cambio, con diseños en colores y en materiales cerámicos. Esta tendencia le da un nuevo aire al área para limpiar la vajilla.

Los proyectos de la inmobiliaria incorporan las tendencias en cocinas con encimeras de vitrocerámica, diseños panelables y otros aparatos electrodomésticos que aportan en la calidad de vida de sus habitantes.

Quizá tirar los muros de la oficina no es tan buena idea ...

Cada vez se retoman más actividades en las empresas y más personas vuelven a las oficinas, por lo que estas tendrán un gran cambio

Entre los cambios que han debido implementar está el ubicar los puestos para que estén a mínimo dos metros de distancia del de otras personas, el espacio requerido para evitar el contagio. Y son puntos como estos los que obligan a una remodelación en la que ya trabajan y estudian varios diseñadores y expertos para mantener no solo un espacio agradable visualmente, sino que a la vez sea eficiente.

Además, según lo solicita el Ministerio, aún cumpliendo con lo anterior, es necesario que las empresas puedan demostrar que tienen la infraestructura necesaria para la desinfección constante de superficies y para el frecuente lavado de manos sin aglomeraciones. Además, deberán cumplir con un protocolo para la identificación de síntomas e incentivos de procesos de higiene; tales actividades se pueden hacer con las ARL.

“Es importante que se retome la vida laboral de una manera segura, aumentando el nivel de mitigación y prevención; esto será un obligatorio de supervivencia”.

“Al no tener un puesto fijo, la posibilidad de personalizar los espacios es mínima; yo creo que esa tendencia seguirá y así vamos a tener espacios más organizados”.

En cuanto al diseño de interiores, los expertos explican que los artículos y elementos decorativos se tendrán que ver reducidos para evitar mayores superficies de contagio, sin embargo, los que queden deberán ser en materiales muy fáciles de limpiar y además evocar un ambiente casero para que el retorno de la cuarentena no sea incomodo. Entre los materiales que se prevé estarán en furor cuando se retome la actividad, se cuentan metales y vidrios.

“Van a retomar nuevamente los colores que nos den un poco más de tranquilidad y sensación de limpieza; yo creo que volveremos a la tendencia de colores fríos, azules, verdes, blancos, grises, pero ahora más que nunca, creo que estos colores empiezan a tener un poco más de presencia porque además dan tranquilidad. En cuanto a materiales, creo que predominarán los que puedan limpiarse fácil, es decir, superficies lisas, blancas y pueden entrar en tendencia fuertemente los materiales que se utilizan para las líneas hospitalarias, pero ya en mobiliario de oficina. Desaparecerán un poco los textiles y los aislamientos acústicos de textil porque son de muy difícil asepsia. Creo que volveremos a los materiales mucho más duros y resistentes”, dijo Restrepo.

Iluminación, clave en los ambientes

Las luces cálidas tomarán un poco más de relevancia puesto que estas pueden dar una apariencia más familiar y acogedora a los espacios; un factor necesario frente a la falta de elementos decorativos. En cuanto a la cantidad de luz, será necesario que esta sea aún más fuerte de lo normal, pero que no genere afectaciones a la vista de la persona en su horario de trabajo.

Colores fríos y que evoquen higiene

Verdes, azules, blancos y grises tomarán mucha más fuerza según Paula Restrepo, puesto que estos dan una apariencia no solamente tranquila, sino higiénica a los espacios. En medio de esta situación se prevé que los trabajadores tengan un poco más de desconfianza y tiendan a preferir espacios en los que la asepsia predomine para tener mayor tranquilidad.

Distribución del los espacios

Dado que será necesario mantener una distancia mínima de dos metros entre cada persona, los puestos de trabajo deberán estar mucho más alejados. En estos casos se pueden implementar ingresos por turnos, divisiones entre puestos de trabajo o en su defecto la construcción de nuevas divisiones; algunos arquitectos recomiendan divisiones en zig zag.

Divisiones y separaciones

Los materiales como textiles que no son de fácil limpieza se tendrán que eliminar para evitar que también sean focos de contagio; las divisiones más funcionales en limpieza y diseño serán aquellas de acrílico y vidrio transparente para que no quiten la sensación de amplitud; además, estas pueden tener acabados metálicos que les brinden mayor elegancia.

Sin puestos fijos, menos cosas

La decoración será de tipo corporativa en general, aquellos elementos relacionados con los puestos de trabajo individuales tenderán a desaparecer. Paula Restrepo aseguró que “los puestos de trabajo cada vez serán más limpios y más prestos a que otras personas lo utilicen; porque habrá limitaciones de espacio y no podrán trabajar todos al tiempo”.

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