WeWork: Mucho más que una oficina

En la recepción del edificio de oficinas de WeWork en la calle de Varsovia, en plena Zona Rosa de la Ciudad de México, uno debe apretarse entre una multitud de empresarios jóvenes que entran y salen a todas horas. Lo mismo sucede en la sede de WeWork sobre Insurgentes y Viaducto, en donde un grupo de ejecutivas jóvenes platica sobre los proyectos que desarrollan al lado de una mesa de billar y mobiliario a la moda.

A su vez, en la sucursal de WeWork de Montes Urales, las oficinas de Google se pueden ver a través de los grandes ventanales que iluminan una sala de estar comunal en la que emprendedores analizan las proyecciones de sus negocios, al mismo tiempo que beben café en unas tazas descomunales que les dicen: -haz lo que amas-.

En las oficinas de WeWork de Arcos Bosques, codeándose con los corporativos más exclusivos de Santa Fe, Eduardo Molina, el director de Expansión en Latinoamérica y arquitecto detrás de estas postales otorga la entrevista a El Sol de México. Con sólo dos años en el mercado mexicano, pero ya con 10 espacios de oficinas esparcidos en los principales corredores corporativos de la Ciudad de México, WeWork se ha convertido en el principal referente de espacios colaborativos en el corazón económico del país.

Impulsado por la tendencia global de la transición de una economía basada en bienes a una de servicios y experiencias, Eduardo Molina explica que el modelo de WeWork responde a la necesidad de empresas y empresarios de no estar atados a largos contratos de renta de espacios de oficina.

Lo que WeWork hace es encargarse de facilitarles toda la infraestructura física y servicios necesarios para que las empresas establezcan centros de trabajo a cambio de membresías que difieren en cuanto a costo, de acuerdo con el espacio que requieran.

-Como ha sucedido con otras industrias, en los carros, hotelería, tenemos que ser mejores utilizando los recursos de una manera más eficiente.

-El ser dueño de algo no es necesariamente lo que hoy necesitamos como personas para funcionar. Necesitas la experiencia con base en la demanda, no siempre tienes que tener el auto, quieres el servicio y la experiencia de trasladarte y eso lo estamos viendo en el mundo de las bienes raíces a partir de más flexibilidad-, explica Eduardo.

¿El emprendedor sólo necesita una silla y conexión a Internet? Se lo dan ¿Una mediana empresa necesita dos cubículos y servicio de café? Lo tienen. ¿El banco requiere espacio para 200 personas y una sala de juntas? Usted escoja la sucursal.

La flexibilidad de este esquema de renta se funde a un fuerte énfasis en el diseño de espacios abiertos y privados para ofrecer una experiencia distinta al espacio monótono de oficinas, según explica Eduardo.

Por ejemplo, la empresa utiliza análisis de datos para determinar las zonas de mayor tránsito y de esa manera desarrolla nuevos espacios que incentiven el contacto humano y la creación de redes, sin que haya sobresaturación. Al mismo tiempo la empresa abreva de las últimas tendencias de interiorismo e iluminación para dar más la sensación de que se está en un bar de moda que en las oficinas centrales de una multinacional.

-Se estaban construyendo espacios que no respondían a lo que necesita la fuerza laboral. Caminas en Reforma u otros corredores y hay disponibilidad, pero ese modelo de salir a rentar algo por años y tener que hacer inversión de capital no le responde a las necesidades de las empresas que quieren algo más dinámico, más accesible y con la oportunidad de crecer o de tomar un espacio más chico que te conecte con una comunidad global que es lo que las empresas buscan.

-Hoy volteo y veo la cantidad de edificios que están en el modelo anterior, donde la gente está contando las seis de la tarde para irse, donde no quiso llegar, donde ojalá no venga mi jefe para no ir, y ahí es donde está la competencia y en eso WeWork en México es muy pequeño comparado contra esa inmensidad de una fuerza de trabajo que no está motivada por los espacios y las interacciones que tiene, entonces sí hay oportunidad de crecer con grande desarrollos. Vamos a estar ahí-, dice Eduardo.

EL VIRUS NEOYORKINO

WeWork nació en un loft de Brooklyn en Nueva York hace ocho años, de las mentes del exoficial del ejército israelí, Adam Neumann, y el arquitecto, Miguel McKelvey.

Mientras el primero vendía ropa para bebé y el segundo diseñaba espacios para tiendas departamentales, idearon el concepto de subarrendar un piso entero del edificio, arreglarlo y rentarlo a empresas más pequeñas.

Fue un imán para la escena emprendedora neoyorkina.

El negocio no tardó en obtener el respaldo de inversionistas como JP Morgan, Goldman Sachs, Harvard Management Company, Hony Capital y el SoftBank, que le han llevado a tener presencia en las principales ciudades del mundo, de Singapur a Bombay, de Varsovia a Manila y de Milán a Praga.

Hoy, el concepto en apariencia sencillo le consta una valuación aproximada de 35 mil millones de dólares.

-Adam sabía que esto era un movimiento global y que para llegar a la escala necesitaba que gente igual de comprometida que él y Miguel, que lo hicieran suyo, entendieran la misión y quisieran llevarlo a más personas-, recuerda Eduardo, quien se unió a la empresa hace cuatro años, cuando las filas de WeWork sólo constaban de 150 empleados. Hoy son ocho mil en todo el mundo.

Eduardo, un egresado de Relaciones Internacionales por el Tec de Monterrey, trabajaba en ese entonces en su propia empresa desarrollando una plataforma que permitía personalizar periódicos online en Londres. Mediante un amigo conoció que WeWork estaba buscando personas para una expansión global a gran escala.

-WeWork necesitaba en ese entonces a alguien que entendiera las necesidades de las pequeñas y medianas empresas, como en la que estaba yo, y experiencia en internacionalizar o expandir un proyecto. Para mí era muy claro que WeWork, al plantearlo a una escala global (el coworking), los beneficios eran aún mayores y con una infraestructura muy sólida-, recuerda Molina.

A partir del liderazgo de Eduardo como director de Expansión Latinoamérica y del argentino Patricio Fuks, como CEO regional, WeWork comenzó operaciones primero en México y luego en Argentina, Colombia, Brasil, Perú y Chile.

-Practicamente tomamos algunos lineamientos de EU simplemente para no reinventar la rueda para las cosas que ya funcionaron, tomarlas y replicarlas y adaptarlas si requiere. Es una plataforma global con un playbook de operaciones local, y al final estamos agregando valor y necesitamos independencia para seguir creciendo.

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